Con la que está cayendo, ¿quién se atreve a vivir  “en positivo”? Y, más aún, ¿quién, aún  “viviendo en positivo”, se atreve a ponerlo en común con los demás? En la actualidad parece que el pensamiento positivo está muy desprestigiado, es como de personas de poca responsabilidad, de personas que no tienen “los pies en la tierra”… sin embargo, nada más lejos de la realidad; de hecho, creo que es justamente lo contrario. Cuando Julio Aliaga me invitó a participar en un grupo de facebook sobre la actitud positiva y vi lo que se estaba haciendo acerca de este tema, me afiancé en mi idea acerca de “vivir en positivo”. El pensamiento positivo tiene muchos puntos en común con el pensamiento del éxito, el pensamiento del “triunfador”, como contrario al pensamiento del “fracasado”.  Va más allá de ser optimista o pesimista.

El mundo deportivo ha estado, como no podía ser de otra manera, abducido por los Juegos Olímpicos de Londres 2012. Hemos asistido a la puesta en escena y, sobre todo, hemos contemplado a atletas en competición  en cada una de las pruebas olímpicas y a algunos de ellos les hemos visto subirse a un pódium para recoger una medalla. Una medalla o “el valor del éxito”. Para llegar a recoger esta medalla, para poder saborear este momento, hay todo un trabajo previo y, para realizar este trabajo, es necesaria una motivación. Y es entonces, cuando esa medalla se convierte también en “el valor de la recompensa”. La recompensa suele estar precedida de la motivación y es, a su vez, motivación en sí misma. Hay muchas teorías acerca de la motivación. Una de ellas indica que la motivación, como proceso, tiene varias etapas:

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