Nadie nos engaña tanto como nuestro propio juicio (Leonardo da Vinci)

Susan-BoyleHace poco tiempo, viendo un concurso en la televisión, un concursante tenía que elegir a otro entre varios para retarse y alguien que estaba conmigo comentó en voz alta yo elegiría a “éste” porque estos otros tienen cara de ser más inteligentes… algunos de esos otros llevaban gafas, la mayoría iban con el pelo corto y bien peinados y tenían unos rasgos más serenos que aquel a quien mi acompañante consideraba “menos inteligente”. Estamos hablando de lo que, en 1920, Edward L. Thorndike denominó efecto “halo” y es un sesgo cognitivo estudiado por la psicología y que hace referencia a cómo la evaluación que hacemos de una persona o una circunstancia está i nfluenciada por juicios previos, de los que a veces ni siquiera somos conscientes y también cómo a partir de un rasgo particular de una persona o cosa, generalizamos a toda la persona, cosa o situación. Un ejemplo típico es considerar que una persona bella además es talentosa o inteligente o la inversa, que un hombre feo puede ser malo o peligroso y menos inteligente.

cansado“Los hombres al pensar ansiosamente en el futuro, olvidan el presente de tal forma que acaban por no vivir ni en el presente, ni en el futuro. Y viven como si nunca fuesen a morir. Y mueren como si nunca hubiesen vivido.” (Dalai Lama) En el post anterior hemos tratado de relaciones “vampirizantes”; es decir, personas que van por la vida robando la energía emocional (aunque no sólo) a los demás, y cómo también nosotros  podemos actuar de forma vampírica en alguna ocasión. Hoy vamos a tratar del proceso que se produce dentro de nosotros cuando, en ocasiones, nos vampirizamos a nosotros mismos.

gente-toxica1Para manipular eficazmente a la gente es necesario hacer creer a todos que nadie les manipula” (John Kenneth Galbraith) Cuando hablamos de “vampiros energéticos o emocionales” no nos estamos refiriendo a esas criaturas surgidas de la pluma de escritores como Bram Stoker, sino a esas personas que para Albert J. Bernstein están ahí afuera, disfrazados como gente normal hasta que sus necesidades internas los convierten en depredadores. No buscan vuestra sangre, sino vuestra energía emocional… Al principio parecen mejores que las personas corrientes. Son brillantes, encantadores. Os caen bien, confiáis en ellos, esperáis más de ellos que de otras personas. Esperáis más, pero recibís menos y al final os capturan. Los invitáis a que entren en vuestra vida y rara vez os dais cuenta del error hasta que han desaparecido, dejándoos vacíos, las carteras vacías o, quizá, el corazón roto. Aún entonces os preguntáis...¿serán ellos o yo?. Son ellos. Vampiros emocionales

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