No puedes separar tu cuerpo de tu mente. El conocimiento  de uno mismo, el crecimiento personal,  incluso la salud-enfermedad han de ser considerados en relación a la totalidad de la persona. Los estados de ánimo enmarcan las conductas y actitudes desde las cuales realizamos nuestras acciones y el horizonte de posibilidades. Cuando estamos en un determinado estado de ánimo, nos comportamos dentro de los parámetros que tal estado determina en nosotros. Los estados anímicos negativos, es decir los que al prolongarse merman nuestra calidad de vida, autoestima y salud, están estrechamente unidos a nuestro ser biológico. Están en el origen de muchas dolencias y bloqueos tales como úlceras de estómago, dolor de cabeza, problemas articulares y musculares. Provocan una tensión muscular excesiva que tiene como consecuencia la disminución de oxígeno y nutrientes en el músculo, el aumento de residuos tóxicos en las células y una disminución de la percepción sensorial. Aparecen contracturas, el músculo se acorta, se hace menos elástico y se debilita.

El mundo deportivo ha estado, como no podía ser de otra manera, abducido por los Juegos Olímpicos de Londres 2012. Hemos asistido a la puesta en escena y, sobre todo, hemos contemplado a atletas en competición  en cada una de las pruebas olímpicas y a algunos de ellos les hemos visto subirse a un pódium para recoger una medalla. Una medalla o “el valor del éxito”. Para llegar a recoger esta medalla, para poder saborear este momento, hay todo un trabajo previo y, para realizar este trabajo, es necesaria una motivación. Y es entonces, cuando esa medalla se convierte también en “el valor de la recompensa”. La recompensa suele estar precedida de la motivación y es, a su vez, motivación en sí misma. Hay muchas teorías acerca de la motivación. Una de ellas indica que la motivación, como proceso, tiene varias etapas:

Cuando te planteas dar la bienvenida a alguien a tu casa suele ocurrir que aparecen mil ideas sobre qué preparar, qué le puede gustar o no gustar a la persona que va a venir, qué puede necesitar, cómo hacer que viva una experiencia “inolvidable”… y, en el momento de comenzar este blog, todas estas imágenes-palabras mentales surgieron en nuestra cabeza, qué podríamos ofrecer, qué podríamos preparar para que aquellas personas que nos visitéis os llevéis un regalo “inolvidable”. Pero, como podéis imaginar, esto no es más que una tormenta de verano, que no una lluvia de ideas. Cuando pasa esta tormenta te das cuenta que lo único verdaderamente importante que puede hacer que los que nos visitéis tengáis esa experiencia “inolvidable” es que seamos nosotros mismos, y que os ofrezcamos “lo mejor de nosotros”: nuestra esencia, aquello que somos y aquello que hace vibrar las cuerdas de nuestro corazón, haciendo sonar esa música que nos acompaña en nuestra vida, que en algunos momentos es dinámica, explosiva, ocurrente y en otros relajante, placentera y sosegada.

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