“No puede impedirse el viento, pero pueden construirse molinos” (Proverbio holandés)

Las personas con una resiliencia elevada tienen una forma de ver, entender y sentir la vida que estimula al sistema inmunitario para que no pierda fuerza antes las adversidades y, de ese modo, enfermen menos o padezcan menos los estragos del estrés. Esto, a su vez, favorece que se enfrenten a cada circunstancia de una forma más constructiva e inteligente. A veces, una imagen vale más que mil palabras y la imagen de esos pins barraquers en la costa de Mallorca, pinos remodelados para adaptarse a las circunstancias climáticas, a la constancia de los vientos, nos puede acercar a la idea de la resiliencia.

Cuando te planteas dar la bienvenida a alguien a tu casa suele ocurrir que aparecen mil ideas sobre qué preparar, qué le puede gustar o no gustar a la persona que va a venir, qué puede necesitar, cómo hacer que viva una experiencia “inolvidable”… y, en el momento de comenzar este blog, todas estas imágenes-palabras mentales surgieron en nuestra cabeza, qué podríamos ofrecer, qué podríamos preparar para que aquellas personas que nos visitéis os llevéis un regalo “inolvidable”. Pero, como podéis imaginar, esto no es más que una tormenta de verano, que no una lluvia de ideas. Cuando pasa esta tormenta te das cuenta que lo único verdaderamente importante que puede hacer que los que nos visitéis tengáis esa experiencia “inolvidable” es que seamos nosotros mismos, y que os ofrezcamos “lo mejor de nosotros”: nuestra esencia, aquello que somos y aquello que hace vibrar las cuerdas de nuestro corazón, haciendo sonar esa música que nos acompaña en nuestra vida, que en algunos momentos es dinámica, explosiva, ocurrente y en otros relajante, placentera y sosegada.

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