Con la que está cayendo, ¿quién se atreve a vivir  “en positivo”? Y, más aún, ¿quién, aún  “viviendo en positivo”, se atreve a ponerlo en común con los demás? En la actualidad parece que el pensamiento positivo está muy desprestigiado, es como de personas de poca responsabilidad, de personas que no tienen “los pies en la tierra”… sin embargo, nada más lejos de la realidad; de hecho, creo que es justamente lo contrario. Cuando Julio Aliaga me invitó a participar en un grupo de facebook sobre la actitud positiva y vi lo que se estaba haciendo acerca de este tema, me afiancé en mi idea acerca de “vivir en positivo”. El pensamiento positivo tiene muchos puntos en común con el pensamiento del éxito, el pensamiento del “triunfador”, como contrario al pensamiento del “fracasado”.  Va más allá de ser optimista o pesimista.

El secreto de la existencia humana no sólo está en vivir, sino también en saber para qué se vive” (F. Dostoyevski)

file000114551492Algunas personas, en algún momento de su vida, se plantean preguntas del tipo de: ¿De dónde vengo?”, “¿Qué es lo que hago aquí?”, “¿Quién soy?” y “¿A dónde voy?”. Y prácticamente podríamos resumir estas preguntas en “¿Cuál es el propósito/sentido de mi vida?”. A veces nos confundimos pensando que el propósito de nuestra vida es equivalente a las metas y objetivos que nos planteamos, y muchas otras nos enfangamos en la eterna discusión filosófico-religiosa del sentido de la vida. El Propósito de Vida es una brújula interna que nos ayuda a orientarnos para conectar y vivir con aquellos valores y creencias fundamentales que nos posibilitan ser más auténticos.

No puedes separar tu cuerpo de tu mente. El conocimiento  de uno mismo, el crecimiento personal,  incluso la salud-enfermedad han de ser considerados en relación a la totalidad de la persona. Los estados de ánimo enmarcan las conductas y actitudes desde las cuales realizamos nuestras acciones y el horizonte de posibilidades. Cuando estamos en un determinado estado de ánimo, nos comportamos dentro de los parámetros que tal estado determina en nosotros. Los estados anímicos negativos, es decir los que al prolongarse merman nuestra calidad de vida, autoestima y salud, están estrechamente unidos a nuestro ser biológico. Están en el origen de muchas dolencias y bloqueos tales como úlceras de estómago, dolor de cabeza, problemas articulares y musculares. Provocan una tensión muscular excesiva que tiene como consecuencia la disminución de oxígeno y nutrientes en el músculo, el aumento de residuos tóxicos en las células y una disminución de la percepción sensorial. Aparecen contracturas, el músculo se acorta, se hace menos elástico y se debilita.

El mundo deportivo ha estado, como no podía ser de otra manera, abducido por los Juegos Olímpicos de Londres 2012. Hemos asistido a la puesta en escena y, sobre todo, hemos contemplado a atletas en competición  en cada una de las pruebas olímpicas y a algunos de ellos les hemos visto subirse a un pódium para recoger una medalla. Una medalla o “el valor del éxito”. Para llegar a recoger esta medalla, para poder saborear este momento, hay todo un trabajo previo y, para realizar este trabajo, es necesaria una motivación. Y es entonces, cuando esa medalla se convierte también en “el valor de la recompensa”. La recompensa suele estar precedida de la motivación y es, a su vez, motivación en sí misma. Hay muchas teorías acerca de la motivación. Una de ellas indica que la motivación, como proceso, tiene varias etapas:

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