APRENDIENDO A AGRADECER (II)

La gratitud no es solo es la más grande de las virtudes, sino la madre de todas las demás” (Cicerón)

Si en el post anterior contemplamos algunas forma erróneas de dar las gracias, en este quiero proponeros algunas indicaciones que, a mi juicio, son más coherentes con el término gratitud.

10866261_969439226434508_2446599318378157631_oEn numerosos estudios, se ha relacionado a la gratitud con el aumento de la felicidad, el bienestar y la autoestima; incluso se ha llegado a afirmar que es una característica propias de individuos con una mayor salud o equilibrio mental.

Robert Emmons, en 2007, afirmaba que la comunidad científica “ha relegado el estudio de esta emoción por estar asociado a una connotación de simpleza que otorgamos comunmente a este constructo, asociándolo con expresiones religiosas o con las buenas costumbres. De allí, que se haya obviado su potencial para desarrollar emociones positivas en nuestra vida y acrecentar la salud mental de los individuos”.

El punto de partida ha de ser la emoción sentida por la persona, y Emmons, en su libro Psicologia de la gratitud, enumera tres condiciones que pueden producir gratitud:

  1. Que la persona perciba aquello con que ha sido beneficiado como algo con valor: mientras más importante sea para mí mismo lo que he recibido, más agradecido me sentiré.
  2. Que la persona pueda reconocer al agente que lo ha beneficiado. Mientras más se valore a la persona que nos ofrece el beneficio, más agradecido me sentiré.
  3. Que la persona perciba el beneficio como un regalo: la consciencia de que podría no haber recibido este beneficio y que, por lo tanto, he sido beneficiado de un modo gratuito, transforma el reconocimiento de una posesión cualquiera en una vivencia de gratitud

Ya tenemos el origen de la gratitud, esa emoción subjetiva que cuesta identificar más que otro tipo de emociones como la alegría, la ira… pero que llega a ser incluso más fuerte que todas ellas y como dice Cicerón, la madre de todas ellas.

El destino de nuestra gratitud puede ir dirigido:

  1. En primer lugar, a nosotros mismos por algo que hayamos realizado, sentido, creído, pensado, planificado. Cuando alguno de mis clientes de coaching llegan a agradecerse a sí mismos cualquier éxito o cualquier aprendizaje, su felicidad y su bienestar sube de nivel.
  2. A otras personas, por cualquier beneficio que nos hayan hecho llegar, sea material, emocional, mental o espiritual.
  3. Cualquier situación, incluso adversidades convertidas en retos y aprendizaje, puede ser motivo de nuestro agradecimiento a la vida, al universo o a cualquier ente religioso, dependiendo de las creencias de cada persona.

El canal, por último, ha de ser lo más “limpio” posible, que sea lo más comprensible posible para el interlocutor:

  1. A nivel verbal, nuestra voz ha de ser clara, y ha de mostrar esa emoción interna que nos hace pronunciar esas palabras de gratitud.
  2. Hemos de mantener el contacto visual con la persona a la que le estamos agradeciendo algo, mostrándole que lo que ha hecho por ti es realmente importante para ti.
  3. Dirige tu cuerpo hacia la persona que agradeces y mantén los brazos abiertos y tus manos abiertas.

Te invito a que pongas en práctica algo de lo que aparece en este post y nos cuentes la sensación que has tenido y el posible impacto que ha tenido en tu interlocutor.

Cómo te gustaría dar las gracias a partir de ahora?

Cómo te gustaría que te dieran las gracias?



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